Villette
Villette —Si no lo hago, no será porque esa calamidad haya dejado de acosarme: llevas diez años amenazándome con ella. «¡Mamá, me casaré muy pronto!», gritabas siendo un chiquillo.
—Pero, madre, lo haré uno de estos dÃas. En el momento más inesperado, cuando te creas más segura, me marcharé como Jacob, Esaú[178] o cualquier otro patriarca, y regresaré con una esposa; quizá sea una de las hijas de esta tierra.
—¡Lo harás por tu cuenta y riesgo, John Graham! No tengo nada más que decirte.
—Esta madre mÃa pretende que sea un viejo solterón. ¡Qué anciana más celosa! Pero fijaos en esa espléndida criatura con el vestido de satén azul claro y el pelo castaño con reflets satinés como los de su traje. ¿No te sentirÃas orgullosa, mamá, si algún dÃa llevara a casa a esa diosa y te la presentara como la señora de Graham Bretton?
—No llevarás ninguna diosa a La Terrasse: ese pequeño château no tendrá dos dueñas; especialmente si la segunda es de la altura, el volumen y el perÃmetro de esa robusta muñeca de madera y cera, satén y cabritilla.
—Mamá, ¡llenarÃa de un modo tan admirable tu sillón azul!