Villette
Villette A Graham, en efecto, le encantaba, y casi siempre tomaba uno. Para ser justos, habrÃa compartido su premio con quien se lo habÃa conseguido, pero ella nunca se lo permitÃa; si insistÃa, la tenÃa contrariada el resto de la velada. Estar de pie a su lado y monopolizar su charla y su atención era la única recompensa que deseaba, no un trozo del pastel.
Fue realmente curiosa la rapidez con que Polly se adaptó a los asuntos que a él le interesaban. Era como si la niña no tuviese ni espÃritu ni vida propias, y respirara, se moviera y existiera por y para otra persona; ahora que le faltaba su padre, se apoyaba en Graham y parecÃa sentir y existir a través de él. Se aprendió en un periquete los nombres de todos sus compañeros de clase; conocÃa de memoria sus caracteres, bastaba con que Graham se los describiera una vez. Nunca olvidaba ni confundÃa sus identidades; se pasaba la tarde hablando con él de unas personas a las que jamás habÃa visto, y parecÃa comprender plenamente su fÃsico, modales y temperamento. Aprendió incluso a imitar a algunos de ellos: un profesor adjunto, al que el joven Bretton aborrecÃa, tenÃa al parecer ciertas peculiaridades, que ella captó en un instante cuando Graham las describió, y que imitaba para divertirlo. Sin embargo, la señora Bretton no veÃa esto con buenos ojos y se lo tenÃa prohibido.