Villette
Villette —Y ahora, mi querido muchacho, ven a tomar el té. Estoy segura de que tendrás hambre.
Era bastante cómico verla sentada al lado de Graham, mientras él comÃa. En su ausencia, era una criatura tranquila y silenciosa, pero con él era la personita más activa y servicial del mundo. Yo deseaba a menudo que no se preocupara tanto y se quedara quieta, pero no, siempre estaba pendiente de él: nunca le parecÃa suficientemente atendido, y todos los cuidados eran pocos; a su juicio, Graham valÃa más que el Gran Turco[5]. Colocaba poco a poco los platos delante de él y, cuando uno daba por supuesto que el muchacho tenÃa a su alcance cuanto podÃa desear, ella encontraba siempre algo más que ofrecerle:
—Señora —susurraba a la señora Bretton—, tal vez su hijo quiera un pastelito… uno dulce, quiero decir. Están ahà —proseguÃa, señalando el aparador.
Por lo general, la señora Bretton no permitÃa que se comieran pastelitos dulces con el té, pero Polly insistÃa:
—Un trocito pequeño… sólo para él… Como va al colegio… Las niñas como yo y la señorita Snowe no necesitamos golosinas, pero seguro que a él le gustarÃa.