Villette
Villette —También la veo asÃ… ¡Bendita sea! La gente dichosa se rÃe con mamá, sólo los débiles se rÃen de ella. Nadie se burlará de ella, al menos con mi consentimiento; y sin mi… desprecio… mi antipatÃa… mi…
Se detuvo: y era el momento de hacerlo, pues estaba acalorándose más de lo que la ocasión justificaba. Entonces yo no sabÃa que tenÃa dos motivos para estar disgustado con la señorita Fanshawe. Su rostro encendido, el movimiento de sus orificios nasales, el gesto de desdén de su hermoso labio inferior, me mostraron a un nuevo y sorprendente Graham Bretton. Sin embargo, no resulta agradable contemplar un arrebato de ira en una persona de temperamento dulce y apacible; tampoco me gustó el deseo de venganza que estremeció su joven y vigoroso cuerpo.
—¿La he asustado, Lucy? —preguntó.
—No entiendo por qué se ha enojado tanto.
—Por esta razón —me dijo al oÃdo—: Ginevra no es ni un ángel ni una mujer virtuosa.
—¡Qué tonterÃa! Exagera usted: no hay ninguna maldad en ella.
—Demasiada para mÃ. Puedo ver cosas para las que usted está ciega. Pero será mejor cambiar de tema. Me divertiré tomando el pelo a mamá: le aseguraré que se está durmiendo. ¡Vamos, mamá, despierta, te lo ruego!