Villette
Villette —John, seré yo quien te despierte a ti si no te comportas como es debido. ¿Podéis callaros Lucy y tú y dejarme oÃr la música?
Actuaba un estruendoso coro, lo que nos habÃa permitido entablar nuestro diálogo anterior.
—¡La estás oyendo perfectamente, mamá! Apuesto mis gemelos, que son auténticos, contra tu falso broche…
—¡Mi falso broche, Graham! ¡Muchacho blasfemo! Sabes que es una piedra de gran valor.
—¡Oh! Ésa es una de tus supersticiones: te engañaron al comprarlo.
—Me engañan mucho menos de lo que imaginas. ¿Cómo es que conoces a las jovencitas de la corte, John? He observado que dos de ellas te han prestado mucha atención durante la última media hora.
—PreferirÃa que no las mirases.
—¿Por qué no? ¿Porque una de ellas dirigió burlonamente sus impertinentes hacia m� Es una muchacha preciosa y muy necia: ¿acaso temes que sus risitas me desconcierten?
—¡Qué sensata y admirable es la Anciana Dama! Mamá, eres mejor para mà que diez esposas.