Villette
Villette El aire era glacial; al menos, eso me pareció: no creo que el doctor John fuera consciente; pero la noche estaba en calma, y no habÃa una sola nube en el cielo, sembrado de estrellas. Yo iba envuelta en una piel. Paseamos un poco por la acera; al pasar bajo una farola, Graham se encontró con mi mirada.
—Parece pensativa, Lucy; ¿es por mi culpa?
—Me preocupa que se sienta apenado.
—En absoluto, asà que levante ese ánimo… como yo. Estoy convencido de que la causa de mi muerte no será una enfermedad cardÃaca. Puede que me hieran, puede que me sienta abatido por algún tiempo, pero ningún dolor o enfermedad sentimental ha logrado destrozarme el alma. ¿No me ha visto siempre contento en casa?
—Generalmente.
—Me alegro de que Ginevra se riera de mi madre. No cambiarÃa a la Anciana Dama por una docena de beldades. ¡Cuánto bien me ha hecho su gesto desdeñoso! ¡Gracias, señorita Fanshawe!
Y, quitándose el sombrero que cubrÃa sus rizos, hizo una ridÃcula reverencia.
—Sà —continuó diciendo—, se lo agradezco de veras. Me ha hecho sentir que nueve décimas partes de mi corazón estaban en perfectas condiciones, y la décima sangraba por un simple pinchazo: un pequeño corte que cicatrizará en un santiamén.