Villette
Villette No resultó fácil llegar hasta nuestros asientos; la rifa habÃa empezado, y reinaban el alboroto y la confusión; la multitud bloqueaba el pasillo, y nos vimos obligados a detenernos un rato. Miré a uno y otro lado —me pareció oÃr mi nombre— y divisé muy cerca al omnipresente e inevitable monsieur Paul. TenÃa la vista clavada en mÃ… mejor dicho, en mi vestido rosa; y un comentario sarcástico brillaba en sus ojos. Era su costumbre criticar las vestimentas de profesoras y alumnas en el internado de madame Beck, algo que, por lo menos, las primeras consideraban una impertinencia. Hasta entonces, yo me habÃa librado: mi oscuro atuendo diario no podÃa ser más discreto. No estaba de humor aquella noche para permitirle una nueva intromisión; en vez de soportar sus bromas, ignorarÃa su presencia. AsÃ, pues, volvà el rostro hacia la manga del doctor John; encontrando en aquel abrigo negro una perspectiva más cómoda y placentera, más cordial y amistosa, que la que ofrecÃa el desagradable rostro del oscuro y menudo profesor. Graham pareció secundar inconscientemente mi preferencia, pues bajó la cabeza y dijo con voz amable:
—No se separe de mÃ, Lucy: estas multitudes no son nada respetuosas con las personas.