Villette
Villette Pero no pude evitar traicionarme a mà misma. Cediendo a una influencia magnética o de otro tipo —inoportuna, desagradable, pero eficaz—, volvà a mirar para ver si monsieur Paul se habÃa ido. No, seguÃa en el mismo lugar, pero con otra expresión en los ojos; habÃa adivinado mis pensamientos y mi deseo de esquivarlo. Su mirada burlona, pero no malhumorada, se habÃa convertido en un oscuro ceño y, cuando me incliné para saludarlo con la idea de reconciliarme, lo único que conseguà de él fue un movimiento de cabeza sumamente rÃgido y severo.
—¿A quién ha hecho enfadar, Lucy? —susurró el doctor Bretton, sonriendo—. ¿Quién es ese amigo suyo de aspecto tan feroz?
—Uno de los profesores de madame Beck: un hombrecillo con muy mal carácter.
—Parece terriblemente enojado, ¿qué le ha hecho? ¿Qué ocurre? ¡Ah, Lucy, Lucy! Cuénteme qué significa todo esto.
—Le aseguro que no hay ningún misterio. Monsieur Paul es muy exigeant y, como me he vuelto hacia su manga en vez de saludarle a él con una reverencia, piensa que le he faltado al respeto.
—El hombreci… —empezó a decir el doctor John.