Villette
Villette Y, sin embargo, no habÃa olvidado ni perdonado a la señorita Fanshawe. Cuando se enojaba, no creo que fuera fácil congraciarse con él; cuando se enemistaba, solÃa ser para siempre. Miró a Ginevra en más de una ocasión; pero no a hurtadillas ni tÃmidamente, con el mayor descaro. De Hamal era una especie de mueble al lado de la joven; la señora Cholmondeley se sentaba cerca, y los tres parecÃan entregados en cuerpo y alma a la conversación, al regocijo y a una excitación que convertÃa los bancos carmesÃes en un lugar tan bullicioso como cualquier rincón plebeyo de la sala. En el curso de una charla aparentemente animada, Ginevra levantó una o dos veces el brazo; una hermosa pulsera resplandecÃa en su muñeca. Observé cómo sus destellos se reflejaban en los ojos del doctor John… y cómo nacÃa en ellos una chispa de desdén y de ira; Graham se rió.
—Creo que dejaré el turbante en mi altar de los sacrificios —exclamó—; allÃ, por lo menos, estoy seguro de que será bien recibido: ninguna grisette acepta obsequios con tanta naturalidad como ella. Y ¡es extraño! Después de todo, es una joven de buena familia.
—Pero no conoce usted su educación, doctor John —dije—. Se ha pasado la vida yendo de un colegio a otro, y puede alegar ignorancia como atenuante de casi todas sus faltas. Además, según dice, sus padres recibieron la misma formación que ella.