Villette
Villette —¿Sus coqueteos? PodrÃan ser una inocente treta infantil para atraer a su verdadero enamorado; pero no me referÃa a ningún coqueteo: su mirada revelaba un entendimiento mutuo y secreto… nada ingenuo ni inocente. Aunque fuera más hermosa que Afrodita, ninguna mujer capaz de dirigir o de recibir una mirada asà podrÃa convertirse en mi esposa: preferirÃa casarme con una paysanne[181] de falda corta y cofia alta, y tener la certeza de que es honesta.
No pude evitar sonreÃr. SabÃa que Graham exageraba: estaba segura de que Ginevra, a pesar de su atolondramiento, era bastante honesta. Asà se lo dije. El doctor John movió la cabeza, y aseguró que él no le confiarÃa su buen nombre.
—¡Lo único que se le puede confiar sin miedo! —exclamé—. Ginevra desvalijarÃa sin el menor escrúpulo el bolsillo y los bienes de su marido, y pondrÃa a prueba, temerariamente, su paciencia y su carácter; pero no creo que empañara o dejase que otros empañaran su buen nombre.
—Está convirtiéndose en su defensora —dijo él—. ¿Quiere que recupere mis viejas cadenas?
—No; me alegro de verle libre, y confÃo en que continúe asà por mucho tiempo. Pero debemos ser justos.