Villette
Villette ¡Soberana absoluta! Tienes, para resistir, un gran ejército de mártires; para triunfar, el grupo de los elegidos. Deidad absoluta, ¡tu esencia saldrá victoriosa!
Esa hija de los cielos se acordó de mà aquella noche; me vio llorar y se acercó a consolarme:
«Duerme —me dijo—, duerme dulcemente… yo velaré tus sueños».
Y cumplió su palabra, y me vigiló mientras dormÃa; pero, al amanecer, la Razón le relevó de su guardia. Me desperté sobresaltada; la lluvia golpeaba los cristales, y el viento aullaba de vez en cuando, irritado; en el centro del dormitorio, la lamparilla se extinguÃa en su soporte negro y circular: empezaba a despuntar el dÃa. ¡Cómo compadecà a quienes el sufrimiento espiritual erosiona el ánimo en lugar de espolearlo! Aquella mañana, el dolor de despertarme me sacó de la cama con la misma violencia que la mano de un gigante. ¡Con cuánta rapidez me vestà en medio del frÃo de aquel crudo amanecer! ¡Con qué ansia bebà el agua helada de mi vasija! Era el cordial al que siempre recurrÃa cuando me sentÃa desgraciada.