Villette
Villette La campana no tardó en tocar su réveil[183] para todo el internado. Como ya estaba vestida, bajé sola al refectorio, donde había una estufa encendida y el aire estaba caldeado; el resto de la casa sufría los rigores del invierno continental: aunque sólo estábamos a principios de noviembre, el viento del norte había extendido por Europa su aliento helado. Recuerdo lo poco que me gustaban las estufas negras cuando llegué a la rue Fossette; pero ahora empezaba a relacionarlas con una sensación de bienestar, y las amaba tanto como en Inglaterra se ama el fuego del hogar.