Villette
Villette Tuve tiempo de enjugarme los ojos antes del desayuno, y supongo que aparecà en el comedor tan serena como cualquiera; no tan dichosa, sin embargo, como la joven que se sentó frente a mÃ, me miró con unos ojos no demasiado grandes que centelleaban de alegrÃa, y extendió cordialmente su blanca mano por encima de la mesa para que yo se la estrechara. Los viajes, las diversiones y los coqueteos habÃan sentado muy bien a la señorita Fanshawe; habÃa engordado un poco y sus mejillas eran redondas como manzanas. La habÃa visto por última vez elegantemente vestida para el concierto. No creo que estuviera menos encantadora ahora con su atuendo de colegiala, una especie de peignoir azul marino, muy sencillo y de cuadros negros. Incluso pienso que aquella oscura envoltura resaltaba su atractivo, realzando la blancura de su tez, la frescura de su juventud, la belleza de sus cabellos dorados.
—Me alegro de que haya vuelto, Timon[187] —dijo (era uno de los muchos nombres que me daba)—. No sabe cuánto la he echado de menos en este horrible agujero.
—¿De veras? Aunque, si deseaba verme, seguro que era porque tenÃa algo que pedirme… ¿tal vez que zurciera sus medias? —nunca di ni un cuarto de penique por el amor desinteresado de Ginevra.