Villette
Villette —¡Tan refunfuñona y malhumorada como siempre! —exclamó ella—. No esperaba menos: dejarÃa de ser usted si no me reprendiera. Pero ahora, querida abuela, espero que le siga gustando tanto el café y tan poco los pistolets[188]. ¿Está dispuesta a hacer el cambio?
—Como quiera…