Villette
Villette —Fue una velada encantadora. ¡Qué divino es Alfred de Hamal! Y ¡haber podido ver a mi otro admirador enfurruñado y languideciendo de amor! Y a la anciana… ¡mi futura suegra! Pero me temo que lady Sara y yo fuimos un poco descorteses al burlarnos de ella.
—Lady Sara nunca se burló de ella; en cuanto a lo que usted hizo, no se preocupe, la señora Bretton sobrevivirá a sus comentarios y a sus gestos despectivos.
—Es posible… las ancianas son muy fuertes; pero ¡ese pobre hijo suyo! Cuénteme lo que dijo: vi que estaba terriblemente disgustado.
—Dijo que parecÃa como si, en el fondo, usted se sintiera ya madame de Hamal.
—¿De veras? —exclamó, alborozada—. ¿Se dio cuenta de eso? ¡Qué encantador! Pensé que se volverÃa loco de celos.
—Ginevra, ¿quiere romper de verdad con el doctor Bretton? ¿Desea que él la deje?
—¡Oh! Ya sabe que él es incapaz; pero ¿se volvió loco?
—Completamente loco —asent×; más loco que una cabra.
—Bueno, y ¿cómo lograron llevarlo a casa?