Villette
Villette —¡Nos costó muchÃsimo! ¡DeberÃa usted apiadarse de su pobre madre y de mÃ! ImagÃnenos sujetándolo dentro del carruaje, y él despotricando entre las dos, a punto de hacernos perder el juicio a todos. Hasta el cochero se equivocó, no sé por qué, y acabamos perdidos.
—¿Lo dice en serio? Está usted riéndose de mÃ. Vamos, Lucy Snowe…
—Le aseguro que es cierto… como también lo es que el doctor Bretton se negó a quedarse en el interior del carruaje: escapó de nosotras y cogió las riendas.
—¿Y después?
—Después… cuando llegamos a casa… la escena supera cualquier descripción.
—Vamos, descrÃbala… ¡es tan divertido!
—Divertido para usted, señorita Fanshawe; pero —afirmé con extrema gravedad— ya conoce el refrán: «Donde unos hallan la vida, tienen otros la muerte».
—Continúe, querida Timon.
—No puedo hacerlo como Dios manda si no me asegura que tiene corazón.
—¡Claro que lo tengo! ¡Y bien grande!