Villette
Villette A mi esperanza, obediente y resignada, le pareció muy amable; a mi pensamiento, inquieto y voraz, le pareció, tal vez, más amable de lo que realmente era.
¡HabÃa tenido tan pocas esperanzas, y mi temor habÃa sido tan grande! Al ver mi sueño cumplido, sentà una gran felicidad… una felicidad que muchos seres humanos quizá no lleguen a conocer nunca. La pobre profesora de inglés, en el helado desván, leyendo a la luz mortecina y vacilante de una vela, en medio del frÃo invernal, una carta simplemente amistosa —nada más, aunque la amistad me pareciera divina—, se sentÃa más dichosa que la mayorÃa de las reinas en sus palacios.