Villette
Villette —La he leÃdo, pero sólo una vez. Deseaba hacerlo de nuevo. Siento haberla perdido —y volvà a deshacerme en llanto.
—Lucy, Lucy, mi pobre hermana bautismal (si es que existe ese parentesco), aquÃ… aquà está su carta. ¡Lamento que no sea más digna de esas lágrimas y de esa fe tan tierna y desmesurada!
¡Qué maniobra tan extraña y caracterÃstica! Su ojo perspicaz habÃa visto la carta en el suelo, donde yo la buscaba; su mano, igualmente veloz, la habÃa cogido. Después la habÃa guardado en el bolsillo de su chaleco. Si mi disgusto hubiera sido un poco menos intenso o real, dudo que me la hubiera devuelto. Unas lágrimas menos ardientes que las que derramé sólo habrÃan divertido al doctor John.
El placer de recuperar la misiva me hizo olvidar que merecÃa un reproche por burlarse de mi sufrimiento; mi alegrÃa era inmensa; no podÃa disimularlo: pero creo que se reflejó más en mi semblante que en mis palabras. Apenas hablé.
—¿Está satisfecha? —preguntó el doctor John.
Le respondà que sÃ… satisfecha y feliz.
—Y ¿cómo se siente fÃsicamente? —prosiguió—. ¿Se encuentra más tranquila? No mucho; sigue temblando como una hoja.