Villette
Villette Yo tenÃa la impresión, sin embargo, de haberme calmado; al menos ya no me sentÃa aterrorizada. Le dije que estaba serena.
—Entonces, ¿puede contarme lo que ha visto? Su explicación ha sido muy confusa… Estaba blanca como el papel, y sólo ha hablado de «algo» sin definir qué. ¿Era un hombre? ¿Un animal? ¿Qué era?
—Nunca contaré lo que he visto —contesté—, a no ser que lo vea también otra persona; entonces confirmaré su testimonio. De lo contrario, me señalarán con el dedo y me acusarán de ver visiones.
—Cuéntemelo —dijo el doctor Bretton—; lo escucharé como médico: me interesa usted desde el punto de vista profesional, y es muy posible que lea lo que quiere ocultarme: en sus ojos, extrañamente brillantes e inquietos; en sus mejillas, que la sangre parece haber olvidado; en sus manos temblorosas… Vamos, Lucy, cuéntemelo.
—Se reirá…
—Si no lo hace, no recibirá más cartas.
—Se está riendo de mÃ.
—Le volveré a quitar esa misiva: es mÃa, y creo que tengo derecho a reclamarla.
Comprendà que bromeaba; me quedé muy seria y silenciosa, pero doblé la carta y la aparté de su vista.