Villette
Villette —¿Y si ahora mismo trajese ante usted a la señorita Fanshawe?
—Le prometo que no me conmoverÃa; o que sólo lo harÃa… si me declarase su amor verdadero y apasionado. Le concederÃa el perdón únicamente a ese precio.
—¿De veras? Hace tiempo, una de sus sonrisas le habrÃa parecido una fortuna.
—¡Soy otro hombre, Lucy! ¡Otro hombre! ¿Recuerda que en una ocasión me llamó esclavo? Pues ahora soy libre.
Se puso en pie: en su cabeza, en su porte, en la expresión de su mirada y de su semblante, se reflejaba una libertad que iba más allá del desenfado… un estado de ánimo que no ocultaba el desdén por su anterior sometimiento.
—La señorita Fanshawe —continuó— despertó en mà un sentimiento que ya no existe; he entrado en otra fase, en la que estoy dispuesto a exigir amor por amor… pasión por pasión… y, además, en gran medida.
—¡Ay, doctor! ¡Doctor! Dijo que le gustaban los amores rodeados de dificultades… y que le fascinaba la orgullosa insensibilidad.
Se echó a reÃr y contestó:
—Mi naturaleza es voluble: las penas de hoy tal vez sólo me inspiren burla mañana. Bueno, Lucy —exclamó, poniéndose los guantes—, ¿cree que la Monja regresará esta noche?