Villette

Villette

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Durante largos intervalos me olvidé de mirar su expresión, o de preguntarle qué le parecía. El intenso magnetismo del genio alejó mi corazón de su órbita habitual; el girasol se volvió desde el sur hacia una luz más brillante, que no procedía del sol: una luz rojiza, de cometa… que quemaba los ojos y los sentidos. No era la primera vez que asistía a una representación, pero jamás había visto actuar así: de un modo que asombraba a la Esperanza y silenciaba al Deseo; que tomaba la delantera al Impulso y hacía palidecer a la Concepción; que, en lugar de limitarse a irritar la imaginación con la idea de lo que podía hacerse, crispando al mismo tiempo los nervios porque no se hacía, revelaba una fuerza semejante a la de un profundo y caudaloso río invernal que llevara el alma, como si fuera una hoja, por la violenta y acerada corriente de sus atronadoras cataratas.

La señorita Fanshawe, con su acostumbrada madurez, afirmaba que el doctor Bretton era un hombre serio y apasionado, demasiado severo y demasiado impresionable. Nunca me pareció así: no podía achacarle esos defectos. Su actitud natural no era reflexiva, ni su temperamento sentimental; era tan sensible como el agua ondulante, aunque, al igual que el agua, podía ser también muy insensible: la brisa, el sol, le conmovían; ni el metal ni el fuego dejaban su huella en él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker