Villette
Villette El doctor John podía pensar, y lo hacía con inteligencia, pero era más un hombre de acción que un pensador; podía sentir, y, a su manera, sentía vívidamente, pero a su corazón le faltaban los acordes del entusiasmo: a las influencias brillantes, suaves y dulces, sus ojos y sus labios les daban una bienvenida brillante, suave y dulce, tan hermosa para la vista como el color rosa, plata, perla y púrpura de las nubes veraniegas; pero lo que pertenecía a la tempestad, lo que era salvaje e intenso, peligroso, repentino, violento, no le inspiraba la menor simpatía, ni podía comulgar con él. Cuando en un momento de descanso decidí mirarlo, me divirtió y ayudó a comprender ciertas cosas descubrir que no observaba a aquella siniestra y soberana Vastí con asombro, adoración o disgusto, sino simplemente con intensa curiosidad. Su desesperación no le apenaba, sus violentos gemidos —peores que un alarido— no le conmovían; su furia le inspiraba repulsión, pero no llegaba a horrorizarle. ¡Frío y joven britano! Los blancos acantilados de su propia Inglaterra no contemplan las mareas del Canal con más calma que él al mirar la pítica[216] inspiración de aquella noche.
Examinando su rostro, deseé conocer con exactitud su opinión y acabé haciéndole una pregunta para descubrirla. Al oír mi voz, pareció despertar de un sueño; pues había estado enfrascado, muy enfrascado, en sus pensamientos.