Villette
Villette —¿Le gusta Vast� —quise saber.
—¡Um! —fue su primera y apenas articulada, pero expresiva respuesta.
Y una sonrisa extraña se dibujó en sus labios… una sonrisa crÃtica, ¡casi despiadada! Supongo que esa clase de naturalezas no despertaban en él la menor simpatÃa. En pocas palabras, me dijo lo que pensaba de aquella actriz; no la juzgaba como artista sino como mujer: y su juicio era infamante.
Aquella noche quedó marcada en el libro de mi vida con una cruz que no era blanca sino de un rojo encendido. Pero todavÃa no habÃa llegado a su fin; y otros recuerdos estaban destinados a grabarse en mi memoria con tinta indeleble.