Villette
Villette Hacia la medianoche, cuando la tragedia llegaba a su clÃmax con la escena de la muerte, y todos contenÃan el aliento, e incluso Graham se mordÃa el labio inferior, fruncÃa el ceño y se quedaba paralizado en su butaca; cuando todo el teatro guardaba silencio, y todas las miradas estaban pendientes de un solo punto, y todos los oÃdos del mismo lugar… y no se veÃa nada más que una forma blanca, hundida en un asiento, luchando temblorosa contra su último, más odiado y victorioso enemigo… y no se oÃa nada más que su agonÃa, sus estertores indómitos, sus jadeos aún desafiantes; cuando una voluntad inquebrantable sacudÃa un cuerpo moribundo, y le empujaba a luchar contra el destino y la muerte, a pelear por cada pulgada de terreno, a vender cara cada gota de sangre, a resistir hasta el final el expolio de cada facultad, deseando ver, oÃr, respirar, vivir… más allá del instante en que la muerte dice a nuestros sentidos y a nuestro ser:
—¡Aquà ha terminado todo!
Justo en ese momento, se oyó un revuelo cargado de presagios entre bastidores… el sonido de unos pies que corrÃan, de unas voces que hablaban. Todo el mundo se preguntó qué ocurrÃa. Unas llamas y el olor a humo sirvieron de respuesta.
—¡Fuego! —gritaron en la galerÃa.
—¡Fuego! —repitieron una y otra vez.