Villette
Villette —No siempre.
—¿Y por qué sigue haciéndolo?
Su padre la miró, y yo temà que le impidiera seguir hablando; pero se limitó a decir:
—Continúa, Polly, continúa con ese interrogatorio… demuéstranos lo curiosa que eres. Si la señorita Snowe se hubiera ruborizado o pareciese turbada, te pedirÃa que te callaras; y los dos seguirÃamos comiendo algo avergonzados; pero ella sonrÃe, asà que sigue insistiendo, multiplica tus preguntas. Bien, señorita Snowe, ¿por qué sigue haciéndolo?
—Me temo que, sobre todo, por el dinero que gano.
—Entonces ¿no es por motivos puramente filantrópicos? Polly y yo nos aferrábamos a esa hipótesis para explicarnos su excentricidad.
—No… no, señor. Si lo hago es porque me permite tener un techo donde guarecerme; y por la tranquilidad que me da pensar que, mientras pueda trabajar por mà misma, me ahorro el dolor de ser una carga para los demás.
—Papá, digas lo que digas, siento lástima de Lucy.