Villette
Villette Su naturaleza era sensible y reflexiva; sobre sus emociones y pensamientos se extendÃa un velo de melancolÃa, que se convertÃa en una nube en tiempos de dificultades y de dolor. No sabÃa demasiado sobre Lucy Snowe; lo que sabÃa, no lo comprendÃa bien: lo cierto es que su interpretación errónea de mi carácter a menudo me hacÃa sonreÃr; pero él veÃa que la senda por la que transcurrÃa mi vida se hallaba en el lado sombrÃo de la colina, y respetaba mis esfuerzos por caminar en lÃnea recta; de haber podido, me habrÃa ayudado: al no tener oportunidad de hacerlo, me deseaba suerte. Cuando me miró aquel dÃa, sus ojos reflejaron bondad; cuando habló, su voz fue benevolente.
—La suya es una profesión muy ardua —dijo—. Le deseo salud y fortaleza para triunfar en ella.
Su hermosa hija no recibió la noticia con tanta tranquilidad: clavó en mà dos ojos desmesuradamente abiertos por el asombro… casi por la consternación.
—¿Es usted profesora? —exclamó; y, después de reflexionar sobre tan desagradable idea, añadió—: Bueno, nunca supe qué era usted, ni se me ocurrió preguntarlo; para mÃ, siempre fue Lucy Snowe.
—Y ahora ¿qué soy? —no pude evitar decir.
—Usted misma, desde luego. Pero ¿es cierto que enseña aquÃ, en Villette?
—SÃ.
—¿Y le gusta?