Villette
Villette —El de Lucy… el internado de madame Beck.
—¿La señorita Snowe está en un colegio?
—Soy profesora —me apresuré a responder, y casi me alegré de tener la oportunidad de decirlo.
Desde hacÃa un rato sentÃa que ocupaba una falsa posición. La señora Bretton y su hijo conocÃan mis circunstancias; pero el conde y su hija no. Es posible que quisieran cambiar su hasta entonces cordial actitud cuando se enteraran de mi situación en la sociedad. Por eso contesté en seguida: pero un enjambre de sombrÃos pensamientos que no habÃa previsto ni invocado alzó el vuelo con mis palabras y me hizo suspirar involuntariamente. El señor Home no levantó los ojos del plato durante unos minutos, y tampoco habló; quizá no me habÃa oÃdo… quizá pensaba que, ante una confesión de esa naturaleza, lo más educado era guardar silencio: los escoceses son proverbialmente orgullosos; y, a pesar de lo sencillo y hogareño que era el señor Home, de la simplicidad de sus costumbres y de sus gustos, yo me habÃa dado cuenta de que no le faltaba su cuota de aquel distintivo nacional. ¿Era el suyo un falso orgullo? ¿Se trataba de auténtica dignidad? Dejo la pregunta sin contestar en su sentido más amplio. En lo que a mà respecta, lo único que puedo decir es que entonces y siempre hizo gala de una gran sinceridad.