Villette
Villette Cuando esto pasaba, el doctor Bretton sonreÃa. Poco a poco, a medida que charlaban, empezaron a mostrarse menos distantes; supongo que, si la conversación hubiera continuado, habrÃa sido en seguida de lo más cordial. Los labios de Paulina volvieron a esbozar esa sonrisa que adornaba con dos hoyuelos sus mejillas; ceceó una vez y olvidó corregirse. Y el doctor John, no sé cómo cambió, pero lo hizo. No parecÃa más alegre —no gastaba bromas ni hablaba con más ligereza—, pero no hay duda de que se hallaba más cómodo, lo que se reflejaba en un lenguaje más vivo, en un tono de voz más afable. Diez años antes, aquella pareja habÃa tenido siempre muchas cosas que decirse. La década transcurrida no habÃa mermado su experiencia ni empobrecido su inteligencia; además, existen ciertas naturalezas que se influyen de tal modo entre sà que, cuanto más se dicen, más tienen que decirse. Para ellas, de la asociación surge la adhesión, y de la adhesión la unión.