Villette
Villette Y entonces oà cómo monsieur de Bassompierre le enseñaba lo abrigado que iba; y le contaba que disponÃa del carruaje, donde estarÃa resguardado del frÃo; y, en pocas palabras, le demostraba que no debÃa temer por su comodidad.
—Pero prométeme que volverás esta tarde, antes de que oscurezca… tú y el doctor Bretton, los dos en el carruaje. Con este tiempo, es peligroso ir a caballo.
—Está bien, si veo al doctor, le diré que una dama ha ordenado que cuide de su preciosa salud y regrese a casa temprano escoltado por mÃ.
—SÃ, tienes que decir «una dama»; creerá que es su madre y será obediente. Y, papá, procura volver pronto… estaré pendiente de tu regreso.
La puerta se cerró y el carruaje se deslizó suavemente sobre la nieve; la condesa entró de nuevo en la sala, inquieta y pensativa.