Villette
Villette El propio señor Home me ofreció una generosa suma, el triple de mi salario, si aceptaba ser la señorita de compañía de su hija. Decliné. Creo que hubiera rehusado aunque hubiese sido más pobre, mis recursos más escasos y mis perspectivas de futuro más limitadas. No tenía esa vocación. Podía enseñar; podía dar clases; pero convertirme en una institutriz o en una acompañanta no se ajustaba a mi carácter. Antes que ser institutriz en una gran mansión, habría preferido ocupar el puesto de criada, comprarme un par de guantes resistentes, barrer dormitorios y escaleras, y limpiar estufas y cerraduras, en paz y con independencia. Antes que ser una señorita de compañía, habría preferido confeccionar camisas y morirme de hambre.