Villette
Villette Un sonido apagado resonó entre sus dientes; no podÃa ser un juron[242], era demasiado religioso para eso; pero estoy segura de que oà la palabra sacré[243]. Aunque sea penoso decirlo, la misma palabra fue repetida con la inequÃvoca adición de mille[244] algo cuando pasé a su lado casi dos horas después, en el pasillo, al dirigirme a mi clase de alemán en la rue Crécy. Jamás ha existido, en ciertas cosas, un hombrecillo mejor que monsieur Paul; jamás ha existido, en otras, un déspota más irascible.