Villette
Villette Nuestra profesora de alemán, Fräulein Anna Braun, era una mujer alegre y respetable de unos cuarenta y cinco años de edad; tal vez deberÃa haber vivido en los dÃas de la reina Elisabeth, pues solÃa tomar cerveza y carne de vaca en sus dos primeras comidas diarias. Su carácter germano, franco y decidido, parecÃa sentirse cruelmente reprimido por lo que ella llamaba nuestra reserva inglesa; aunque creÃamos ser muy amables con ella, no le dábamos palmadas en el hombro y, si consentÃamos en besar su mejilla, lo hacÃamos discretamente, sin grandes alharacas. Aquello le molestaba y deprimÃa considerablemente; y, sin embargo, en general, nos llevábamos muy bien. Acostumbrada a enseñar a alumnas extranjeras que casi nunca pensaban o estudiaban por sà mismas, que no sabÃan enfrentarse a una dificultad y superarla a fuerza de reflexión y trabajo, nuestros progresos, que en realidad eran lentos, parecÃan sorprenderla. En su opinión, éramos un par de prodigios glaciales, frÃos, arrogantes y excepcionales.