Villette
Villette Un libro que nos encantaba leer y traducir eran las Baladas de Schiller; Paulina no tardó en leerlas maravillosamente: nuestra Fräulein la escuchaba con una gran sonrisa de placer y decÃa que su voz sonaba a música celestial. También las traducÃa con fluidez y auténtico fervor poético: mientras lo hacÃa, sus mejillas se encendÃan, sus labios sonreÃan temblorosos, sus bellos ojos se iluminaban. Aprendió de memoria las mejores, y las recitaba a menudo cuando estábamos solas. Le gustaba mucho Des Mädchens Klage[245]; es decir, disfrutaba repitiendo sus palabras, hallaba en su sonido una melodÃa lastimera, pero criticaba su sentido. Un atardecer en que estábamos sentadas junto al fuego, recitó en voz baja:
Du Heilige, rufe dein Kind zurück, Ich habe genossen das irdische Glück, Ich habe gelebt und geliebet[246]!
—¡Vivido y amado! —exclamó—. ¿Acaso es el amor el súmmum de la felicidad terrenal, el fin de la existencia? No lo creo. Puede ser la mayor de las desgracias, una terrible pérdida de tiempo, una tortura inútil de los sentimientos. Si Schiller hubiera dicho ser amado, se habrÃa acercado más a la verdad. ¿No le parece que ser amado es algo muy diferente, Lucy?
—Supongo que debe de serlo: pero ¿por qué pensar en eso? ¿Qué es el amor para usted? ¿Qué sabe de él?