Villette
Villette —Pero ¿quién puede ser, Paulina? Me tiene intrigada.
—Es… Es mi prima Ginevra. Pasa por nuestra casa siempre que va a visitar a la señora Cholmondeley, y, cuando me encuentra sola, se empeña en hablarme de sus admiradores. ¡El amor! Tendría que oír sus teorías.
—¡Oh, las conozco! —exclamé con bastante frialdad—. En general, tal vez sea mejor que usted las haya oído: no debe lamentarlo, no pasa nada. Estoy segura de que Ginevra no puede influir en usted. Es muy superior a ella, tanto en inteligencia como en bondad.
—Por supuesto que influye en mí, y mucho. Posee el arte de perturbar mi felicidad y de alterar mis opiniones. Me hiere a través de los sentimientos y de las personas que más quiero.
—¿Qué le dice, Paulina? Deme una idea; quizá pueda repararse el daño hecho.
—Le gusta burlarse de la gente que más aprecio. No respeta a la señora Bretton, no respeta a… Graham.
—Lo imagino: y ¿cómo relaciona a esas personas con sus sentimientos y su… amor? Supongo que los relaciona, ¿no?