Villette
Villette —La habÃa olvidado; pero está claro que algunas circunstancias, personas, incluso palabras o miradas que parecen haberse borrado de la memoria, si se dan ciertas condiciones, pueden revivir determinados aspectos del propio espÃritu o de uno ajeno.
—Es muy posible.
—Sin embargo —prosiguió—, el recuerdo es imperfecto, necesita confirmación; su naturaleza es tan borrosa como un sueño, tan etérea como una fantasÃa, por lo que es preciso que el testimonio de alguien lo corrobore. ¿No estaba usted en Bretton hace diez años cuando el señor Home dejó a su hijita, a la que llamábamos «pequeña Polly», a cargo de mamá?
—Estaba allà la noche en que llegó, y también la mañana de su marcha.
—Era una criatura bastante extraña, ¿no? Me gustarÃa saber cómo la traté. ¿Me agradaban los niños en aquella época? ¿HabÃa algo gracioso o amable en mÃ, aquel enorme y descuidado colegial? Pero seguro que no lo recuerda…
—Ha visto su retrato en La Terrasse. Se parece mucho a usted. Y su manera de ser apenas ha cambiado desde entonces.
—ExplÃqueme eso, Lucy. Semejante oráculo despierta mi curiosidad. ¿Cómo soy hoy? ¿Cómo era hace diez años?