Villette
Villette —Muy amable con cuanto le agradaba; desagradable y cruel con nada.
—En eso se equivoca; creo que fui bastante bruto con usted, por ejemplo.
—¿Bruto? No, Graham: yo jamás habrÃa soportado pacientemente la brutalidad.
—Eso, sin embargo, lo recuerdo: la silenciosa Lucy Snowe no disfrutó de mi cortesÃa.
—Ni tampoco de su crueldad.
—Ni el mismÃsimo Nerón habrÃa podido atormentar a un ser tan inofensivo como una sombra.
SonreÃ; pero también ahogué un gemido. ¡Oh! Deseaba que me dejara sola, que no hablara de mÃ. Rechacé aquellos epÃtetos, aquellos calificativos. Me vengué de «su silenciosa Lucy Snowe», de su «inofensiva sombra»; no con desdén, pero con sumo hastÃo: la suya era la frialdad y la pesantez del plomo; no dejarÃa que me aplastara con semejante peso. Afortunadamente, no tardó en cambiar de tema.
—¿Qué tal nos llevábamos la «pequeña Polly» y yo? Si no me falla la memoria, éramos amigos…
—Habla usted muy vagamente. ¿Cree que la pequeña Polly lo recuerda con más claridad?