Villette
Villette Pues bien, «amigo mÃo» tiene unas connotaciones diferentes de las de mon ami; no resulta tan familiar ni tan Ãntimo. No podÃa decirle a monsieur Paul «mon ami»; pero sà podÃa llamarlo «amigo mÃo», y lo hice sin la menor dificultad. Él desconocÃa ese matiz, sin embargo, y se quedó satisfecho con la frase. Sonrió. TendrÃas que haberle visto sonreÃr, lector; habrÃas visto la diferencia entre su expresión de entonces y la de hacÃa media hora. No puedo decir que hubiera visto antes una sonrisa de placer, alegrÃa o bondad en los labios de monsieur Paul, o en sus ojos. HabÃa contemplado cientos de veces la ironÃa, el sarcasmo, el desdén, la pasión exultante, en lo que él llamaba una sonrisa; pero aquella resplandeciente exhibición de sentimientos dulces y cálidos me pareció completamente nueva. Era como si su semblante hubiera dejado de ser una máscara para convertirse en un rostro: sus rasgos se suavizaron; su tez pareció aclararse y rejuvenecer; aquella piel morena, cetrina y meridional que hablaba de su sangre española adquirió una tonalidad más luminosa. No creo haber visto jamás en un rostro humano una metamorfosis similar por una causa parecida. Me acompañó al carruaje; en ese mismo momento, salió monsieur de Bassompierre con su sobrina.