Villette

Villette

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y se colocó entre la señorita Fanshawe y yo; Ginevra siempre quería ser mi vecina, y me clavaba el codo en el costado, por mucho que yo repitiera:

—Ginevra, ¡ojalá estuvieras en Jericó[267]!

Era fácil decir ne bougez pas; pero ¿cómo evitarlo? Tenía que dejarle un sitio, y tenía que pedir a las alumnas que se corrieran un poco para poder hacerlo yo. Era muy cómodo para Ginevra pegarse a mí para «estar calentita», como ella decía, las tardes de invierno, importunándome con sus movimientos y codazos, hasta obligarme en ocasiones a colocarme un alfiler traidor en el cinturón para protegerme de su codo; pero supuse que monsieur Paul no estaría expuesto al mismo trato, así que aparté mi costurero para que pusiera el libro, y me corrí para dejarle un hueco; éste no medía, sin embargo, más de una yarda, un espacio que cualquier persona razonable habría considerado adecuado y respetuoso. Pero monsieur Emanuel jamás era razonable; como el pedernal y la yesca, ¡un simple golpe y saltaban chispas!

—Vous ne voulez pas de moi pour voisin —gruñó—, vous vous donnez des airs de caste; vous me traitez en paria —añadió, mirándome con el ceño fruncido—. Soit! Je vais arranger la chose[268]!

Y se puso manos a la obra.

—Levez vous toutes, mesdemoiselles[269]! —exclamó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker