Villette
Villette Las alumnas se levantaron. Monsieur Paul les ordenó dirigirse en fila a la otra mesa. Luego me colocó en un extremo del largo banco y, después de traerme con el mayor cuidado el costurero, la seda, las tijeras y todos mis utensilios, se sentó en la otra punta.
A pesar de lo absurda que era aquella disposición, nadie se atrevió a reÃrse; de haberlo hecho, seguro que se habrÃa arrepentido. En cuanto a mÃ, me lo tomé con completa frialdad. Allà estaba yo, aislada y sin poder comunicarme con nadie; me enfrasqué tranquilamente en mi trabajo, y no me sentà nada desdichada.
—Est-ce assez de distance? —preguntó.
—Monsieur en est l’arbitre —fue mi respuesta.
—Vous savez bien que non. C’est vous qui avez créé ce vide immense: moi, je n’y ai pas mis la main[270].
Y, con esta afirmación, empezó a leer.
Para su desgracia, habÃa elegido una traducción francesa de lo que él llamaba «un drame de Williams Shackspire; le faux dieu»; le faux dieu —agregó después— de ces sots païens, les Anglais[271]. No es necesario que explique cuán diferente habrÃa sido su descripción del autor si no hubiera estado tan alterado.