Villette
Villette Parecía dormir el sosiego de las vacaciones. Las externas estaban en sus casas; las internas, de paseo; las profesoras, excepto la surveillante[294] de aquella semana, de visita o de compras. Las aulas estaban vacías; y también la grande salle, con su enorme y majestuoso globo colgando en el centro, sus dos arañas de múltiples brazos, y su gran piano de cola, silencioso, cerrado, disfrutando de aquel Sabbat en medio de la semana. Me extrañó un poco encontrar entreabierta la puerta de la primera classe; solía estar cerrada cuando no había nadie, y sólo podíamos acceder a ella madame Beck y yo, que tenía una copia de la llave. Aún me extrañó más, al acercarme, oír ciertos movimientos: un paso, el ruido de una silla, el sonido de alguien abriendo un pupitre.
«Tan sólo es madame Beck haciendo su inspección», decidí, tras reflexionar un poco.