Villette
Villette Sacó la leontina, cuyo valor era insignificante, pero su seda brillaba y sus cuentas resplandecÃan. También le gustó, y la admiró ingenuamente, como un niño.
—¿Es para m�
—SÃ, para usted.
—¿Es lo que estaba haciendo ayer por la noche?
—En efecto.
—¿Lo ha terminado esta mañana?
—Asà es.
—¿Lo empezó con el propósito de que fuera mÃo?
—Por supuesto.
—¿Para regalármelo el dÃa de mi fête?
—SÃ.
—¿Y siguió teniendo esa intención mientras lo hacÃa?
Asentà de nuevo.
—Entonces ¿no es necesario que le corte un trozo… diciendo que esa parte no me pertenece, pues fue trenzada para que la luciera otra persona?
—De ningún modo. No es necesario, y tampoco serÃa justo.
—¿Este objeto es todo mÃo?
—Enteramente suyo.