Villette

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En su cínico desprecio de la magnanimidad, se parecía al gran Emperador. Monsieur Paul habría discutido con veinte mujeres instruidas, habría mantenido sin rubor un sistema de mezquinas discusiones y reproches con todo un capital de coteries[300], haciendo caso omiso de la pérdida o la falta de dignidad. Habría desterrado a cincuenta madames de Staël[301] si le hubieran molestado, ofendido, superado, o se hubieran enfrentado a él.

Recuerdo bien un acalorado incidente que protagonizaron él y cierta madame Panache, una señora contratada temporalmente por madame Beck para dar lecciones de historia. Era una mujer inteligente, es decir, sabía mucho; y, además, tenía el arte de sacar el máximo provecho de sus conocimientos; su dominio de las palabras y su confianza en sí misma eran ilimitados. No podía decirse que su físico careciera de encantos; supongo que a mucha gente le habría parecido «hermosa» y, sin embargo, había algo en sus sólidos y abundantes atractivos, así como en su presencia alegre y efusiva, que el gusto caprichoso y refinado de monsieur Paul no podía soportar. Su voz, resonando en el carré, ejercía una extraña influencia sobre él; su paso largo y desenvuelto (casi una zancada) en el pasillo solía empujarle a recoger sus papeles y esfumarse.


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