Villette
Villette Sorprendido… casi enfadado, seguÃa aferrándose a su idea; mi susceptibilidad fue declarada de mármol, mi rostro una máscara. ParecÃa incapaz de aceptar la cruda realidad, y tomarme por lo que era: los hombres, y las mujeres también, deben tener falsas ilusiones; si no las encuentran a mano, sus invenciones serán exageradas.
En algunos momentos habrÃa deseado que sus sospechas estuvieran mejor fundadas. A veces, habrÃa dado mi mano derecha por poseer los tesoros que él me atribuÃa. MerecÃa ser castigado por sus irritantes estratagemas. HabrÃa podido regodearme haciendo realidad sus peores temores. Y habrÃa podido disfrutar destrozando su imagen, haciendo frente y derrotando a sus lunettes, una muestra de mis conocimientos. ¡Oh! ¿Por qué nadie se preocupó de hacerme más inteligente mientras era lo bastante joven para aprender? Asà habrÃa podido aplastar para siempre —con una grande, súbita e inhumana revelación, con una victoria frÃa, cruel, arrolladora— el espÃritu burlón de Paul Carl David Emanuel.
¡Ay! Semejante hazaña no estaba en mi poder. Aquel dÃa, como era habitual, sus citas resultaron inútiles: no tardó en cambiar de asunto.