Villette
Villette Incapaz de contestarle con rapidez, cambié de tema para eludir su pregunta. Él acababa de terminar su medio brioche: convencida de que con aquella insignificante ración no podÃa haber saciado su apetito, pues yo no habÃa aplacado el mÃo, y aspirando la fragancia de las manzanas asadas que llegaba del refectorio, me aventuré a preguntarle si no percibÃa aquel delicioso olor. Me confesó que sÃ. Le dije que si me permitÃa salir al jardÃn, y atravesar el patio corriendo, le traerÃa un plato; y añadà que pensaba que serÃan excelentes, pues Goton sabÃa preparar muy bien la fruta, añadiéndole algunas especias, azúcar y uno vaso o dos de vin blanc… ¿PodÃa ir?
—Petite gourmande[311]! —exclamó, sonriendo—. Recuerdo cuánto le gustó el pâte à la crème que le di en una ocasión, y sabe muy bien que, en estos momentos, ir a buscar unas manzanas para mà significa coger alguna para usted. Vaya, pues, pero vuelva en seguida.
Y, por fin, me dejó en libertad condicional. Mi plan era ir y volver rápidamente y de buena fe, dejar el plato en la puerta y desaparecer corriendo; ya arreglarÃa más tarde las consecuencias de mi acción.