Villette
Villette Aquel profundo y sagaz instinto suyo pareció adivinar mis intenciones; el profesor salió a mi encuentro en el umbral, me metió precipitadamente en el aula y, unos instantes después, estaba sentada en la silla de antes. Quitándome la fruta de las manos, repartió entre los dos la ración destinada sólo para él, y me ordenó que comiera mi parte. Accedí a regañadientes y él, irritado, supongo, por mi renuencia, abrió fuego con una traicionera y peligrosa batería. Cuanto había dicho antes, podía considerarlo simple alboroto, no significaba nada: no ocurría lo mismo con el presente ataque.
Consistía en una propuesta nada razonable que ya me había formulado con anterioridad: a saber, que en el próximo examen público, a pesar de ser extranjera, me uniera a las alumnas del primer curso, e improvisara una redacción en francés sobre cualquier tema que dictara un espectador, sin la ayuda de lexicón o gramática.