Villette

Villette

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Yo sabía cuál sería el resultado de ese experimento. Yo, a quien la naturaleza había negado la capacidad de improvisar; y que, en público, era insignificante; cuya actividad mental, ni siquiera a solas, se hallaba bajo el sol del mediodía; que necesitaba el fresco silencio de la mañana, o la paz solitaria del atardecer, para ganar del Impulso Creativo un testimonio de su presencia, una prueba de su fuerza. Yo, con quien ese Impulso era el más obstinado, el más caprichoso, el más exasperante de los amos (excepto cuando estaba ante mí)… una deidad que, en ocasiones, en circunstancias aparentemente propicias, no respondía a las preguntas, ni oía las súplicas, ni dejaba que le encontrara; sino que continuaba frío, insensible, granítico, un oscuro Baal[312] con labios esculpidos, globos oculares en blanco, y torso como una lápida sepulcral. Y, de pronto, algún movimiento, algún sonido, algún gemido tembloroso del viento, o el paso impetuoso de alguna corriente invisible de electricidad, despertaba aquel demonio irracional, que saltaba de su pedestal, como un Dagon[313] perturbado, exigiendo a sus devotos un sacrificio, a cualquier hora… y a sus víctimas un poco de sangre o de aliento, fueran cuales fueran las circunstancias o la escena…, despertando a su sacerdote con prometedores y engañosos vaticinios, tal vez llenando su templo con un extraño murmullo de oráculos, pero seguro de conceder la mitad de su relevancia a los fatídicos vientos, y escatimando al oyente desesperado incluso un resto miserable… cediéndolo sórdidamente, como si cada palabra fuera una gota de la sangre inmortal de sus oscuras venas. ¡Y yo debía someter a aquel tirano, y hacerle improvisar un tema subida en un estrado, entre una Mathilde y una Coralie, ante la mirada de madame Beck, para regocijo e inspiración de un burgués de Labassecour!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker