Villette
Villette Y partió el brioche, que constituÃa todo su almuerzo, y me dio la mitad. Verdaderamente, su ladrido era peor que su mordisco; pero el ataque más feroz todavÃa no se habÃa producido. Mientras tomaba el bollo, no pude evitar contarle mi deseo secreto de conocer realmente todo lo que él aseguraba que conocÃa.
—¿De veras se considera una ignorante? —preguntó, en un tono más suave.
Si hubiera respondido dócilmente que sÃ, supongo que me habrÃa tendido la mano y habrÃamos hecho las paces allà mismo, pero yo repliqué:
—No exactamente. Soy ignorante, monsieur, en los conocimientos que usted me atribuye, pero algunas veces, no siempre, creo saber algunas cosas.
—¿Qué quiere decir? —inquirió, bruscamente.