Villette
Villette Indiferente a mi deseo, siguió fumando. Después de un silencio sonriente, aunque pensativo, dijo de pronto:
—He visto otras cosas.
—¿Qué otras cosas?
Quitándose el cigarro de la boca, lo arrojó entre los arbustos, donde, por unos instantes, se quedó brillando en la oscuridad.
—FÃjese en esa colilla —señaló—: Es como un ojo que estuviera vigilándonos…
Dio una vuelta por el sendero; regresó en seguida y continuó diciendo:
—He visto cosas increÃbles, señorita Lucy, y he pasado algunas noches en blanco tratando de encontrarles explicación; pero aún no lo he conseguido.
Su tono era muy peculiar; me estremecÃ; monsieur Paul vio que temblaba.
—¿Tiene miedo? ¿De mis palabras o de ese ojo Ãgneo y celoso que apenas parpadea ya?
—Tengo frÃo; ha anochecido y la temperatura ha cambiado; es hora de entrar.
—Son un poco más de las ocho, pronto entrará. Sólo le pido que conteste a esta pregunta.