Villette
Villette »No lo sé —prosiguió tras una pausa—. Soy incapaz de entender el motivo; sin embargo, en este momento puedo decir con sinceridad lo que nunca me habÃa atrevido a afirmar antes: ¡Inescrutable Señor, hágase Tu voluntad! Y estoy convencida de que la muerte me devolverá a Frank. Jamás lo habÃa creÃdo hasta ahora.
—Entonces, ¿él murió? —pregunté en voz baja.
—Mi querida niña —respondió ella—, una feliz Nochebuena me vestà y arreglé con esmero, confiando en que mi amado, que muy pronto se convertirÃa en mi marido, fuera a visitarme aquella noche. Me senté a esperarle. Aún me parece estar allÃ… y veo el nevado crepúsculo a través de la ventana con las cortinas descorridas, pues deseo ver llegar a Frank cabalgando por el blanco sendero; veo y siento la suave luz de la lumbre, calentándome mientras juega con mi vestido de seda, reflejando caprichosamente mi joven figura en un espejo. Veo la luna de una apacible noche invernal —llena, clara y frÃa—, flotando sobre la oscura masa de arbustos y el césped plateado de mis jardines. Espero con cierta impaciencia en mi pulso, y sobre todo en mi pecho. Las llamas se habÃan apagado en la chimenea, pero las brasas continuaban vivas; la luna brillaba en lo alto, pero aún resultaba visible desde la celosÃa; eran casi las diez; no solÃa llegar más tarde de esa hora, pero en un par de ocasiones se habÃa demorado.