Villette
Villette »¿Iba a fallarme por primera vez? No… ni siquiera una vez; y por fin se acercaba, cabalgando muy deprisa para recuperar el tiempo perdido. “¡Frank, jinete temerario! —pensé, oyendo alegre e inquieta cómo se aproximaba al galope—. Te reprenderé por esto. Te diré que es mi vida la que pones en peligro; pues todo lo tuyo es mío, pero mucho más querido”. Allí estaba: pude verlo, pero debía de tener los ojos llenos de lágrimas, pues mi visión era muy borrosa. Divisé el caballo; lo oí piafar… y finalmente distinguí una masa oscura; entonces resonó un clamor. ¿Era un caballo u otra cosa extrañamente lúgubre lo que avanzaba a rastras por el césped? ¿Cómo dar nombre a lo que la luna iluminaba ante mis ojos? ¿Cómo expresar el sentimiento que aquello despertaba en mí?
»Lo único que pude hacer fue salir corriendo. Un animal enorme, el caballo negro de Frank, temblaba, jadeaba y resoplaba delante de la puerta; un hombre lo sujetaba: pensé que era Frank.